"... con escamas blancas y grises, bloques de hielo arrastrados por los fuertes vientos hacia la orilla."
(Fragmento)
En este
día de enero, el termómetro marca menos de veinte bajo cero, y el lago Michigan
parece la bahía del Hudson, con escamas blancas y grises, bloques de hielo
arrastrados por los fuertes vientos hacia la orilla. Buques transatlánticos,
que no zarparon a tiempo de Calumet Harbor, parecen inmovilizados en el
horizonte, lo mismo que los guardacostas que han salido en su auxilio. En este
tiempo, Chicago, que tanto ha cambiado en los últimos cuarenta años, recobra su
antiguo aspecto con su helada armadura de mugre, la sal blanqueando
guardabarros y puertas de coches, el humo que sale despacio de las chimeneas,
el rostro y el alma encogidos frente a la furia del frío, todo igual que en los
viejos tiempos. Luego aparecen otras similitudes: pirámides de naranjas tras
los escaparates surcados de escarcha, olor a sangre frente a la carnicería, el
negro y blanco de los periódicos haciendo juego con el blanco y negro de las
calles. Trato de recordar quién dijo que abrir el periódico era como arrancar
la venda de una
herida. Este invierno me recuerda aquella época, cuando me iniciaba en
la vida,
cuando había una Gran Depresión, cuando cuadrillas de parados, contratados
provisionalmente para trabajar en obras públicas, aparecían al amanecer bajo la
tenue escarcha que, como motas de polvo, flotaba en el aire frente
el pálido sol. En su precario trabajo, los desempleados cogían los adoquines,
los limpiaban a martillazos y los volvían a colocar.
Saul Bellow (Estadounidense nacido en Canadá, 1915-2005).
Obtuvo el premio Nobel en 1976.
(Traducido al español por Benito Gómez Ibáñez).
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