- El Gran Espíritu que formó a los hombres les dio
colores diferentes -dijo el hurón-. Hizo a los negros, y los destinó a ser
esclavos, a otros dio una piel más blanca que el armiño y les ordenó que
comerciaran, perros para con sus mujeres, y lobos para con sus esclavos; les
dio la lengua como el falso llamado del gato montés, el corazón del conejo y la
malicia del jabalí. Dios les dio mucho, y quieren más aún. Tales son los caras
pálidas. A algunos les dio el Gran Espíritu piel más brillante y roja que el
sol -añadió el magua-. Y éstos fueron sus hijos predilectos. Les dio esta isla
con todas sus riquezas. ¿Saben mis hermanos el nombre de este pueblo favorito?
Eran los lenni lenapes. Pero ¿seré yo el encargado de referir a un
pueblo sabio sus propias tradiciones? ¿No hay entre ellos uno que haya visto
todo esto y atestigüe la verdad? He terminado. Mi lengua está quieta porque mi
corazón es de plomo, pero mis oídos escuchan. Todos los ojos se volvieron hacia
el venerable Tamenund. Cuando el hurón nombró a su pueblo, el anciano abrió los
ojos y miró a la multitud. Hizo un esfuerzo para levantarse y, apoyado por sus
dos compañeros, se puso en pie, a pesar de su visible debilidad.
- ¿Quién nombra a los hijos de los lenapes? -preguntó
con voz gutural- ¿Quién habla de cosas pasadas? Agradezcamos al Manitou los
bienes que quedan. Me dicen que es un amigo de Tamenund. ¡Un amigo! ¿Qué es lo
que trae aquí a un hurón?
- La justicia. Sus prisioneros están aquí con sus
hermanos, y él viene a buscar lo que es suyo -exclamó otro de los ancianos.
James Fenimore Cooper (Estados Unidos, 1789-1851).
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