Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne)

jueves, 3 de octubre de 2019

Tu boca: MACUNAÍMA, de Mario de Andrade



(Fragmento del capítulo VI: La francesa y el gigante)

Entonces Piaíma le cuenteó a la francesa que era un célebre coleccionista y colectaba piedras. Y la francesa era Macunaíma, el héroe. Piaíma confesó que la joya de la colección era la mera mera muiraquitán cin forma de yacaré comprada por mil contos a la emperatriz de las icamiabas allá por las playas de la laguna Yaciuruá. Y eran puras mentiras del gigante. Entonces, se sentó en la hamaca muy junto de la francesa, ¡harto!, y habló murmurando, pues con él lo demás era lo de menos, ya que no vendía ni prestaba la piedra pero, sin embargo, sería capaz de darla... "Depende de los asegunes..." El gigante lo que de veras estaba queriendo era juguetear con la francesa. Cuando por el modito de Piaíma el héroe entendió lo que significaba el tal "depende...", se puso muy inquieto. Se le calentó la cabeza: "¡Será que el gigante imagina que soy de veras francesa!... Corta esa, peruano botarate..." Y salió corriendo por el jardín. El gigante corría atrás. La francesa saltó un arbusto buscando parapetarse pero ahí estaba una negrita. Macunaíma le cuchicheó:

- Catarina, sal de ahí, ¿sí?

Catarina ni noticias. Macunaíma ya medio enfadado con ella, le musitó:

- Catarina, ¡sal de ahí que si no te pego!

Y la mulatita, ahí. Entonces Macunaíma le dio una cachetada en la pelma que se le quedó la mano atrapada por ella.

- Catarina, suéltame la mano y retírate, ¡o te doy más galletazos, Catarina!

Y es que Catarina era una muñeca de cera de caranday puesta allí por el gigante. Se quedó bien quietecita. Macunaíma le dio otro soplamocos con la mano libre y quedó más preso.

- ¡Catarina, Catarina! ¡Suelta mis manos y vete retirando pelo-cuscú! Que si no, te doy un puntapié.

Le tiró una patada y quedó más preso aún. Por fin el héroe quedó todo pegado en la Catita. Llegó Piaíma con un cesto. Retiró a la francesa de la trampa y berreó hacia la macona.

- Abre la boca, cesto, ¡abre tu boca bien grande!

El carpacho abrió la boca y el gigante depositó al héroe en él. El cesto cerró la boca otra vez. Piaíma lo cargó y regresó.


Mario de Andrade (Brasil, 1893-1945).

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