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Vancouver, otoño en English Bay (fotografía de Jules Etienne).

viernes, 13 de enero de 2017

Luna de enero


Anoche tuvimos la primera luna llena del año. Debiera decir ayer en lugar de anoche, puesto que durante esta época del año, en el hemisferio boreal en el que me encuentro, oscurece a las cinco de la tarde. De modo que la presencia de la luna, divinidad mitológica, pretexto para la magia de los rituales, devaneo de los poetas, se prolonga durante casi las dos terceras partes de las veinticuatro horas que señalan cada fecha en el calendario.

La tradición dice que es precisamente ahora cuando la luna brilla más: "A la Luna de enero te he comparado, que no hay Luna más clara en todo el año", decía Antonio Machado. Y es que a lo extenso de la noche hay que agregar su transparencia.
 
La de ayer fue una luna en su apogeo, esto es, cuando su órbita se encuentra a mayor distancia de la Tierra, que es justo la contraparte del perigeo, como lo he consignado en un epigrama:
 
Reposa la luna brillante
desde su lejano apogeo,
en la órbita más distante
es lo opuesto del perigeo.

Es posible contemplar la luna sin necesidad de telescopios, a simple vista, por eso incita a la imaginación y su reflejo sobre el agua puede provocar el deseo de abrazarla para perecer ahogado, como siempre se ha dicho que le sucedió al poeta chino Li Po, en una de sus noches de ebriedad, allá por el siglo VIII: "Una noche volé sobre el Lago del Espejo, bajo la luna,/ la luna derramó mi sombra sobre el agua". A eso se debe que haya merecido la distinción de ser recordado como el poeta de la luna. Así lo corrobora en su breve poema Bebiendo solo a la luz de la luna.
 
Entre las flores y un tazón de vino
bebo solo, ningún amigo está cerca.
Levanto mi copa, invito a la luna
y a mi sombra, y ahora somos tres.
Mas la luna nada sabe de bebidas
y mi sombra se limita a imitarme,
pero así y todo, luna y sombra serán mi compañía.
La primavera es época propicia para el goce.
Canto y la luna prolonga su presencia,
bailo y mi sombra se enreda.
Mientras me mantengo sobrio, somos alegres juntos,
cuando me embriago, cada uno marcha por su lado
jurando encontrarnos en el Río de Plata de los cielos.
 
Juan Ramón Jiménez les cantaba con entusiasmo tanto a las campanas como a la luna de enero:
 
La luna verde de enero es buena para vosotras,
campanas. (La noche está fría, despierta y medrosa.)
Y así sonáis, son los vivos los que están muertos, y ahora
son los muertos los que viven; puertas que se cierran, losas
que se abren... ¡Y la luna de enero sobre vosotras!
¡Campanas bajo la luna de enero! (Silencio, lloran...
 
José Zorrilla, el autor de Don Juan Tenorio, obra teatral que suele representarse cada año el día de los difuntos, vivió en México durante once años y bajo la protección del malogrado emperador Maximiliano I, fue nombrado director del Teatro Nacional, escribió un poema en cuartetos, que se titula precisamente Luna de enero:
  
 ¡Qué bella es la luz de plata
con que la noche se viste
después del día más triste
de la estación más ingrata!
 
Se ven en la oscuridad,
como soldados que velan,
cuál con la lluvia rielan
las torres de la ciudad.
 
Se sienten rodar inquietas,
lanzando un grito violento
al brusco empuje del viento,
sobre el punzón las veletas.
 
Y en las mansiones vecinas,
los vidrios de las ventanas
remedan las luces vanas
colgadas en las esquinas.
 
No hay sombra en que no veamos
alguna fantasma oculta;
que, porque más la temamos,
la noche la sombra abulta.
 
Pues, por completa ilusión,
la noche miente tan bien,
que las cosas que se ven
no son las cosas que son.
 
Y el poeta catalán Marià Manent nos entrega esta otra Luna de enero:

Afuera hace una noche plateada y muy clara
¡y yo encogido cerca de mi fuego mezquino!
La luna está velando, lo mismo que una madre,
a la encina, al paraje, al estanque dormido.

Percibo bien que un gran deseo invade
mi pecho, y yo quisiera sentarme espabilado
y caminar, bajo la luna clara,
por trochas donde brilla el romero escarchado.

Pero me quedo cerca de mi fuego mezquino.

Luna que nos retribuye con el privilegio de soñar. La sabiduría popular, siempre presente a través del intemporal refranero, lo expresa así: "Luna la de enero y amor, el primero".
 
 
Jules Etienne

(La versión al español del poema de Li Po es de Marcela de Juan;
la traducción del poema de Mariá Manent del catalán es de José Agustín Goytisolo)

2 comentarios:

  1. ACA POR ESTAS LATITUDES, DE TU OTRORA CIUDAD, TAMBIEN PUDIMOS SER TESTIGOS DE UNA LUNA HERMOSA, CON UN CIELO INVERNAL, SALPICADO DE ESTRLLAS, YO GOZE EL MAGNIFICO ESPECTACULO, ESPERO ESTA NOCHE PODER HACERLO TAMBIEN.
    UN ABRAZO LUNATICO

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  2. A pesar de que el comentario aparece como anónimo, la referencia a "tu otrora ciudad" me da pie a suponer que fue escrito desde Tampico. Y con un abrazo lunático coligo que se trata de Clara Martha.
    Gracias por el tiempo que te tomas para detenerte a leer lo que escribo. Yo también te envío un abrazo.

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