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Vancouver, primavera en el puente Burrard, el más antiguo de la ciudad.

lunes, 24 de agosto de 2015

Venecia: VICTORIA ACCORAMBONI, de Stendhal

"... alquiló tres magníficos palacios: uno en Venecia el palacio Dandolo..."

(Fragmento)
 
Albano era un puerto muy seguro para él, pues, desde hacía muchos años, la casa Orsini estaba uni­da. a la república de Venecia por servicios recípro­cos.
 
Ya en este país seguro, el príncipe Orsini no pensó más que en gozar de los esparcimientos de diversas estancias, y, con este propósito, alquiló tres magníficos palacios: uno en Venecia el palacio Dandolo, en la calle de la Zecca; otro en Padua, el Fostarini, situado en la magnífica plaza llamada la Arena; el tercero lo eligió en Salo, en la deliciosa orilla del lago de Garda; este último palacio había pertenecido tiempo atrás a la familia Sforza Pallavi­cini.
 
A los señores de Venecia (el gobierno de la re­pública) les satisfizo mucho la llegada a sus estados de tan insigne príncipe y se apresuraron a ofrecerle una nobilísima condotta (o sea una cantidad muy considerable, pagadera anualmente, que el príncipe habría de emplear en reclutar una tropa de dos o tres mil hombres y asumir el mando de la misma). El príncipe declinó con mucho desparpajo este ofrecimiento, contestando, a través de los emisarios, que aunque, por inclinación natural y hereditaria en su familia, le sería muy grato servir a la serenísima república, dependiendo como dependía en aquel momento del rey católico, no le parecía conveniente aceptar otra obligación. Esta respuesta entibió un tanto la buena disposición de los senadores. Incli­nados antes a dispensarle en nombre de todo el pueblo, una recepción muy honorable cuando llega­ra a Venecia, dicha respuesta los determinó a dejar que llegara como un simple particular.
 
El príncipe Orsini, enterado de todo esto, deci­dió no ir a Venecia. Estando ya cerca de Padua, dio un rodeo en esta admirable región y se encaminó con toda su escolta al palacio preparado para él en Salo, a orillas del lago de Garda. Allí pasó todo el verano entre los más agradables y variados pasa­tiempos.
 
Llegada la época de cambiar de residencia, el príncipe hizo algunos pequeños viajes, de los que sacó la conclusión de que ya no podía resistir el can­sancio como antes; temió por su salud; por fin pen­só ir a pasar unos días en Venecia, pero su esposa, Victoria, le disuadió y le indujo a permanecer en Salo.
 
 
 
Stendhal: Henri Beyle (Francia, 1783-1842)
 
La ilustración corresponde al interior del Palazzo Dandolo en Venecia, en la actualidad Hotel Danieli.

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