.

.
Vancouver, primavera en el puente Burrard, el más antiguo de la ciudad.

sábado, 12 de septiembre de 2015

Venecia: HISTORIAS DEL BUEN DIOS, de RAINER María Rilke

"... juegan con los trozos y los restos de los cristales multicolores del agua..."

(Fragmento de Una escena del gueto de Venecia)
 
El señor Baum tenía una manera de someterse a prueba que resultaba un tanto irritante. Me propuse recompensarle con una historia. Y comencé sin más preámbulos:
 
- Cuando uno pasa por debajo del Ponte di Rialto, al lado de la Fondaco dei Turchi, y pasado el mercado del pescado, se le dice al gondolero: ¡derecha!, y él, algo extrañado, pregunta: «¿Dove?» Uno le insiste en ir hacia la derecha, se espera en uno de los pequeños sucios canales, discute con él, maldice, y se va a través de calles abarrotadas y de negros pasadizos llenos de humo hacia un lugar vacío y abierto. Todo eso, por la simple razón de que ahí es donde ocurre mi historia.
 
El señor Baum me tocó suavemente el brazo:
 
- Disculpe, ¿qué historia? -sus pequeños ojos iban de un lado a otro, algo atemorizados.
Le tranquilicé:
 
- Cualquiera, estimado señor, ninguna que se pueda considerar de gran importancia. Tampoco puedo decirle cuándo ocurrió. Quizá bajo el reinado de Dogen Alvise Mocenigo IV, pero puede haber sido antes o después. Los cuadros de Carpaccio, si los ha visto alguna vez, están pintados como sobre terciopelo púrpura. Por todas partes desprenden algo cálido, en cierto modo boscoso, y alrededor de la suave luz se apiñan sombras atentas. Giorgione pintó sobre oro viejo y mate, Tiziano sobre raso negro, pero en la época de la que yo le hablo se adoraban las pinturas luminosas sobre fondo de seda blanca, y el nombre, del que ya se hablaba, el que hermosos labios lanzaban al sol  y recogían las encantadoras orejas cuando éste descendía tembloroso... ese nombre es el de Gian Battista Tiépolo. Pero todo esto no aparece en mi historia. Solamente habla de la verdadera Venecia, la ciudad de los palacios, de las aventuras, de las pálidas noches de la laguna que, como ninguna otra noche, llevan consigo el sonido de misteriosos romances. En la parte de Venecia de la que yo le hablo, mientras los días transcurren monótonos como si se tratara de un único día, solo se oyen los pobres ruidos cotidianos, y las canciones que allí se aprenden son lamentos crecientes que no ascienden  y que, como un humo espeso y ondulante, se posan sobre las callejuelas. En cuanto anochece, mucha gentuza temerosa vagabundea por allí, un sinfín de niños tiene su patria en las plazas y en los estrechos y fríos portales de las casas y juegan con los trozos y los restos de los cristales multicolores del agua, los mismos que utilizaron los maestros para hacer los mosaicos de San Marcos.
 
 
  Rainer María Rilke (Escritor en lengua alemana nacido en Praga, 1875-1926)

No hay comentarios.:

Publicar un comentario