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Vancouver, otoño en English Bay (fotografía de Jules Etienne).

viernes, 10 de abril de 2015

Tu boca: SALOMÉ, de Oscar Wilde

 
(Fragmento)
 
Jokanaán: ¡Atrás, hija de Sodoma! No me toques. No profanes el templo del Señor Dios. 
 
Salomé: Tu cabello es horrible. Está cubierto de fango y de polvo. Es como una corona de espinas que han puesto sobre tu frente. Es como un nudo de negras serpientes que se enroscan en torno de tu cuello. No amo tus cabellos... Es tu boca lo que deseo. ¡Tu boca es como una rama de coral que los pescadores han encontrado en el crepúsculo del mar, el coral que guardan para los reyes....! Es como el bermellón que los moabitas encuentran en Las minas de Moab, el bermellón que el rey recibe de ellos. Es como el arco del Rey de los Persas, que está pintado de bermellón y guarnecido de coral. No hay nada en el mundo tan rojo como tu boca... ¡Déjame besar tu boca!
 
Jokanaán: Jamás, hija de Babilonia! ¡Hija de Sión! ¡Jamás!
 
Salomé: Yo besaré tu boca, Jokanaán. Yo besaré tu boca.
 
El joven sirio: Princesa, Princesa. Es  usted como un jardín de mirra, como la tórtola de todas las tórtolas. ¡No mire a ese hombre, no lo mire! No le diga palabras semejantes. No puedo sufrirlas... Princesa, Princesa, no hable de esas cosas.
 
Salomé: Yo besaré tu boca, Jokanaán.
 
El joven sirio: ¡Ah! 
Se da muerte y cae entre Salomé y Jokanaán.

 
Oscar Wilde (Irlanda, 1854-1900)

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