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Vancouver, atardecer en English Bay.

sábado, 4 de abril de 2015

Tu boca: TRES SOLDADOS, de John Dos Passos

"... con un piano y un millón de hojas de papel pautado."
 
(Fragmento del capítulo III de la segunda parte: El metal frío)

- ¿Sabes una cosa? -dijo Andrews, hablando rápidamente y con excitación mientras se apartaba de la frente un mechón de pelo rubio-. Me dejaría matar con gusto por gozar de un año de estancia aquí, con un piano y un millón de hojas de papel pautado. Creo que vale la pena ofrecer la vida por una temporada así.
 
- Este lugar no es para quedarse, sino para volver. Imagínate que regresas de un viaje a las montañas del Tibet, donde estuviste a punto de que te arrancaran el cuero cabelludo o de perecer ahogado y donde pudiste hacerle el amor a la hija de un jefe afgano, una muchacha cuyos labios perfumados con loukoumi dejaron en tu boca un sabor dulcísimo -dijo Henslowe acariciando suavemente su bigotito castaño.
 
- Pero, ¿de qué sirve ver las cosas y sentirlas si uno no sabe expresarlas?
 
- ¿De qué sirve vivir, al fin y al cabo? ¿Qué sacamos de la vida aparte de la diversión, amigo?
 
- Para mí, la única diversión posible es... -empezó a decir Andrews-. ¡Dios! daría todas las alegrías del mundo por componer una sola página de música inspirada. ¿Sabes que hace muchos años no hablaba así con nadie?
 
Los dos miraron silenciosamente al exterior. La niebla era espesa y formaba nubes que parecían de algodón en rama; sólo que la niebla era todavía más suave que el algodón y tenía un tono dorado verdoso.
 
 
John Dos Passos (Estados Unidos, 1896-1970)

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