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Vancouver, otoño en English Bay (fotografía de Jules Etienne).

viernes, 19 de septiembre de 2014

Tequila: ENTRE LA PIEDRA Y LA FLOR, de Octavio Paz

"... alza una flor, roja y única. Una vara sexual la levanta, llama petrificada."

II

¿Qué tierra es ésta?
¿Qué violencias germinan

bajo su pétrea cascara,
qué obstinación de fuego ya frío,
años y años como saliva que se acumula
y se endurece y se aguza en púas?


Una región que existe
antes que el sol y el agua
alzaran sus banderas enemigas,
una región de piedra
creada antes del doble nacimiento
de la vida y la muerte.


En la llanura la planta se implanta
en vastas plantaciones militares.
Ejército inmóvil
frente al sol giratorio y las nubes nómadas.


El henequén, verde y ensimismado,
brota en pencas anchas y triangulares:
es un surtidor de alfanjes vegetales.
El henequén es una planta armada.


Por sus fibras sube una sed de arena.
Viene de los reinos de abajo,
empuja hacia arriba y en pleno salto
su chorro se detiene,
convertido en un hostil penacho,
verdor que acaba en puntas.
Forma visible de la sed invisible.


El agave es verdaderamente admirable:
su violencia es quietud, simetría su quietud.


Su sed fabrica el licor que lo sacia:
es un alambique que se destila a sí mismo.


Al cabo de veinticinco años
alza una flor, roja y única.
Una vara sexual la levanta,
llama petrificada.
Entonces muere.
 
 
Octavio Paz (México, 1914-1998). Obtuvo el premio Nobel en 1990.

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