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Vancouver, otoño en English Bay (fotografía de Jules Etienne).

martes, 23 de septiembre de 2014

Los tequilas de Graham Greene

 
Graham Greene aprovechó sus viajes por México para escribir varias novelas y relatos. De ellos se desprende una visión cáustica sobre el país y a menudo agresiva, que manifiestan su obvio desagrado. El tequila, sin embargo, surge con frecuencia en sus narraciones. Por ejemplo, en Caminos sin ley lo describe de esta manera: “Le hice beber un tequila, bebida alcohólica extraída del agave, una especie de ginebra bastante inferior”, y luego en ese mismo párrafo indica que “el tequila bullía como la audacia por sus venas”.
 
Más adelante, al quinto capítulo, Viaje en la oscuridad, pertenece el siguiente diálogo:
 
Volvimos al Diligencias y pedí algo de comer, un par de tequilas para cada uno, y cerveza. Una niñita pasó vendiendo billetes de lotería, y le compré uno, el primero que compraba en mi vida; un gesto ante el destino. Después de los tequilas empecé a sentirme mejor, a pensar de forma grandilocuente en mi viaje como en una gran aventura. Y también mi amigo florecía; lamentaba no poder acompañarme. Le habría gustado demostrar, decía, que un mexicano era "tan valiente" como un inglés. Vendría como amigo, no como guía. No me cobraría nada. Pasearíamos a caballo por Chiapas, y tendríamos interesantes conversaciones.
 
- ¿Por qué no? -le dije-. No tengo ropa.
- Podríamos tomar un taxi hasta su casa.
- No tenemos tiempo.
- Entonces podríamos comprarla en Tabasco.
El segundo tequila comenzaba a provocar su drástica reacción; le brillaban los ojos.
- Muy bien –dijo-, ya está. Le demostraré que un mexicano es tan valiente… Iré con usted, así como estoy vestido.
Nos comprometimos con un brindis de cerveza y nos dimos la mano un poco ebrios.
 
En el capítulo siete, Hacia Chiapas, una vez que los personajes se encuentran en Palenque, se refiere de nuevo al tequila:
 
Pero Palenque no era Salto; la cantina de Salto adquiría en el recuerdo las proporciones y el lujo de un bar norteamericano. En el almacén cercano a la iglesia tenían solamente tres botellas de cerveza, una cerveza caliente, gaseosa, insatisfactoria. Después bebimos un vaso cada uno de tequila muy nuevo y poco fermentado, que apenas logró rozar nuestra sed.
 
También en El poder y la gloria, una de sus novelas más notables, se le menciona de manera apenas incidental:
 
– Pero yo soy bebedor de vino... no sabe usted cuánto deseo el vino...
– El vino me cuesta mucho dinero. ¿Qué más me puede usted pagar?
– Todo lo que me queda son setenta y cinco centavos.
– Le podría dar una botella de tequila.
– No, no.
– Entonces cincuenta centavos más... Será una botella grande.
 
Por último, este es el párrafo con que da comienzo el cuento El billete de lotería:
 
Mr. Thriplow compró su primer y último billete de lotería en Veracruz. Se había tomado dos vasos de tequila para animarse a subir a bordo de aquella horrible barcaza mexicana de cien toneladas provista de un motor auxiliar, que era el único sistema para desplazarse hasta el pequeño Estado tropical que quería visitar. Al coger los billetes que la niña le ofreció, se sintió señalado por el destino; y tal vez lo estaba. Yo no creo mucho en el destino, pero cuando creo en él lo imagino muy exactamente como una personalidad tan maliciosa y humorística que, entre toda la gente del mundo, sería capaz de elegir a Mr. Thriplow para servir sus absurdos y augustos objetivos.
 
Si bien por una parte puede inferirse que Graham Greene no disfrutó plenamente sus visitas a México, por la otra resulta evidente que durante su estancia abundaron los tragos a las botellas de tequila.

Jules Etienne

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