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Vancouver, atardecer en English Bay.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Tres escritoras y el solsticio de invierno


El día más breve del año en el hemisferio boreal ha sido mucho menos favorecido por la literatura que su contraparte, el solsticio de verano. Sin embargo, también se le han dedicado algunas páginas en una cantidad respetable de obras que corresponden a una gran diversidad de géneros. Es en la poesía donde se le refiere con mayor asiduidad. En esta ocasión me referiré a tres piezas narrativas, todas escritas por mujeres.

La alemana Rosamunde Pilcher, en su novela Solsticio de invierno, propone entre sus diálogos la posibilidad de que Jesucristo no hubiese nacido en la fecha en que celebramos la navidad. El personaje de Lucy le dice a Oscar: "No me gustaría celebrar mi cumpleaños en pleno invierno. No me gustaría haber nacido el día de navidad". Lo que da pie para que éste le exponga sus razones por las que duda de la verosimilitud de esa fecha: "... creo que Jesús no nació en invierno. Probablemente nació en primavera." Luego de explicar algunos aspectos relacionados con la actividad de los pastores y el clima, concluye:

"Creo que los primeros cristianos eran gente muy astuta, y simplemente adaptaron lo que les habían dejado los habitantes paganos de los países que convertían. Siempre se había celebrado del solsticio de invierno, el día más corto del año. Supongo que, para animarse, esos pueblos precristianos organizaban una fiesta, encendían hogueras, se divertían, arrancaban muérdago, preparaban tartas -Oscar sonrió-. Se emborrachaban, se abandonaban a prácticas lujuriosas."

Por su parte, Joyce Carol Oates, en su novela titulada precisamente Solsticio, describe esa fecha en que concluye el otoño:

"... una escena de invierno -cuando comienza- colores pálidos de la tierra mezclados con el molde levemente manchado de la nieve -árboles que no se distinguen por su belleza, y casi sin hojas..."

Por último, un párrafo de Laura Gallego -una autora española especializada en literatura fantástica y juvenil-, con el que comienza Donde los árboles cantan:

"Todos los años, la víspera del solsticio de invierno, el rey reunía a sus nobles en el castillo de Normont para conmemorar el aniversario de su coronación. Había sido así desde que se tenía memoria.

Todos los reyes de Nortia habían ascendido al trono en el solsticio de invierno, incluso si sus predecesores fallecían en cual­quier otro momento del año. Por ello, con el tiempo, la celebración se había vuelto cada vez más festiva y menos solemne. Había justas durante el día, y un gran banquete con música y danza por la noche. Los barones del rey acu­dían con sus familias y sirvientes, por lo que, durante un par de jornadas, el castillo era un auténtico hervidero de gente."


Jules Etienne

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