.

.
Vancouver, luz de agosto en English Bay.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Carson McCullers: el primer beso y la noche de bodas


Lula Carson Smith adoptó legalmente el nombre de Carson McCullers, con el que sería conocida como escritora, el 20 de septiembre de 1937, al contraer matrimonio con Reeves McCullers.

En la cronología que forma parte del prólogo para la edición en español de El aliento del cielo, un volumen publicado por Seix Barral que reúne sus relatos y tres novelas breves, Rodrigo Fresán lo explica de la siguiente manera:

Carson regresa a Nueva York, pero apenas un mes después vuelve a enfermar y retorna a Columbus. El 20 de septiembre se casa con Reeves McCullers y la pareja se muda a Charlotte, en Carolina del Norte. Años más tarde, cuando más de un conocido le pregunta, extrañado, el porqué de su matrimonio, Carson responde: «Me casé con él porque fue el primer hombre que me besó.» La sexualidad de la escritora, en ocasiones catalogada como lesbianismo o bisexualidad es, en realidad, algo mucho más personal y misterioso y pasa por obsesiones románticas o -como las definían tanto ella como Reeves- «amistades imaginarias». Se trata de algo más cercano a un romanticismo desenfrenado -trátese de hombres o de mujeres- que de pasión física o sexual. Reeves, en cambio, acabó asumiendo su homosexualidad luego de varias aventuras esporádicas y, se supone, fue eso lo que le llevó a quitarse la vida en 1953. Terry Murrant -pianista y amigo de McCullers- sintetizó así la relación: «Yo creo que Carson y Reeves se amaron profundamente. Creo que ella le resultaba fascinante. Y está claro que sufrió mucho al comprender que ella era una escritora y él no. Los dos eran grandes personas, seres excepcionales. Pero jamás se las arreglaron para “funcionar” juntos. Más que nada, se hicieron daño.»

Una vez que entregó a su editor el manuscrito de El mudo, éste le sugirió modificar su título por el de El corazón es un cazador solitario. Cuando aparece la primera edición, en junio de 1940, obtiene inmediato éxito de público y crítica. Entonces de dedica a trabajar en Army Post, la cual acabaría llamándose Reflejos en un ojo dorado. La pareja se traslada a radicar en Nueva York, donde Carson conocerá a la escritora suiza Annemarie Clarac-Schwarzenbach, de quien se enamora -según confiesa en sus memorias- y a ella le dedica su nueva novela.

A propósito de las noches de boda, estas nunca transcurren de manera predecible en las obras de McCullers, como sucede, por ejemplo, en la mencionada Reflejos en un ojo dorado:
 
"Leonora Penderton era el blanco de las murmuraciones de las damas del puesto. Según ellas, todo el pasado y presente de la mujer del capitán consistía en una variada colección de aventuras amorosas. Pero la mayor parte de las cosas que contaban aquellas damas era pura conjetura y habladuría, ya que Leonora Penderton era enemiga de complicaciones y de cambios. Cuando se casó con el capitán era virgen. Cuatro noches después de su boda seguía siendo virgen, y a la quinta noche su estado cambió apenas lo suficiente para dejarla intrigada. El resto sería difícil de contar."

Peculiaridades que también será posible advertir en La balada del café triste:
 
"De madrugada entró en la oficina y destapó la máquina de escribir, que había comprado hacía poco, y empezó a teclear en ella torpemente. De esta manera transcurrió su noche de bodas. Cuando amaneció, salió al patio como si no hubiera pasado nada y se puso a clavar las tablas de una jaula de conejos que había empezado la semana anterior para vendérsela a alguien."
 
Mientras escribía La novia y su hermano -que se transformó en The Member of the Wedding aunque en español siempre se le ha conocido como Frankie y la boda-, cuya acción gira, como sería de suponerse, en torno a los preparativos de un festejo nupcial, su propio matrimonio enfrentaba una crisis.
 
"Frances no contestó ni siquiera con una mirada. La boda era como un sueño sobre el que no tenía poder o como una comedia que ella no dirigía y en la que se suponía no había de tomar parte. La sala estaba llena de gente de Winter Hill, y la novia y Jarvis estaban de pie, delante de la chimenea, en el fondo de la habitación. Verlos allí otra vez juntos le producía más bien la sensación de estar cantando que la de una imagen que sus ojos mareados pudieran realmente ver. Les contemplaba con el corazón, pero en todo el tiempo sólo pensaba: «No se lo he dicho y no lo saben.» Y tener conciencia de ello le pesaba como si se hubiera tragado una piedra. Y más tarde, mientras todos besaban a la novia y se servían refrescos en el comedor, en medio de la agitación y el estrépito de la reunión, ella revoloteó junto a los dos novios, pero las palabras no querían salir. «No van a llevarme con ellos», pensaba, y éste era el único pensamiento que no podía soportar."

Entre las páginas de El corazón es un cazador solitario, que precede a los títulos ya citados, encuentro este párrafo que, aunque de modo lacónico, también alude a una noche de bodas:
 

"Biff inclinó la cabeza sobre el pecho y cerró los ojos. Durante todo el día no había podido pensar en Alice. Cuando intentaba recordar su rostro, su mente permanecía en blanco. Lo único que venía a su memoria eran los pies: pequeños, muy suaves y blancos, con diminutos dedos regordetes. Las yemas eran rosadas y cerca del talón izquierdo tenía un lunar color café. La noche de bodas le había quitado los zapatos y las medias y le había besado los pies. Y, ahora que lo pensaba eso era muy significativo, ya que los japoneses estimaban que son la parte más bella de la mujer..."

 
Jules Etienne

La ilustración corresponde a una fotografía de Carson y Reeves McCullers.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario