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Vancouver, luz de agosto en English Bay.

viernes, 9 de agosto de 2013

A propósito de Dumas: CHERCHEZ LA FEMME!

 
"Y se había enfrascado en la lectura de Los Mohicanos, de Dumas."
Leopoldo Alas (Clarín) en La regenta.

Hace algún tiempo, leyendo las noticias me encontré con una nota menor que me hizo recordar la frase acuñada por Alexandre Dumas en su novela Los mohicanos de París, en boca del personaje ficticio Monsieur Jackal*, quien figura en la misma como jefe de la policía parisina: "Siempre hay una mujer en todos los casos; tan pronto como me entregan el reporte, digo: ¡Busquen a la mujer!" (Il y a une femme dans toutes les affaires; aussitôt qu'on me fait un rapport, je dis: Cherchez la femme!). La trama transcurre entre 1820 y 1830, en tanto que la novela fue editada como folletín a partir de 1854.

La información periodística a la que me he referido narra la odisea de tres adolescentes samoanos, quinceañeros dos de ellos y de catorce años el menor, habitantes del atolón Atafu, que pasaron cincuenta días a la deriva en la inmensidad del océano Pacífico. Cuando ya se habían perdido las esperanzas por encontrarlos con vida y hasta se había efectuado un acto luctuoso en su memoria, fueron rescatados por un barco pesquero a mil trescientos kilómetros de distancia del lugar en el que zarparon. Obviamente deshidratados, famélicos, con severas quemaduras por el sol, y narraron que habían estado bebiendo cuando decidieron navegar hasta el atolón vecino de Fakaofo, porque se habían prendado -irremisiblemente, como suelen ser los enamoramientos a esa edad-, de una joven de dicho lugar. Una vez más, habría que concederle la razón a Dumas. Detrás de la expulsión del paraíso o de la guerra de Troya, siempre encontraremos a una mujer, llámese Eva o la infiel Helena.

La frase, sin embargo, se arraigó en el habla popular y a pesar de conservar su original pronunciación francesa, ha obtenido una carta de naturalización universal. La novela en lengua inglesa más innovadora de las formas narrativas, Ulises, del irlandés James Joyce, recurre a la misma en el capítulo octavo: "En una de sus rondas anuales, dijo M' Coy. Beben para poder decir o hacer algo o cherchez la femme."

También los escritores en idioma español, han recurrido con frecuencia a su uso. Por ejemplo, para un parisino como lo era Julio Cortázar, habría sido imposible ignorarla. Este párrafo corresponde a Clone, que forma parte de Queremos tanto a Glenda:

"Cherchez la femme. ¿La femme? Roberto sabe que más vale buscar al marido si se trata de encontrar algo sólido y cierto, Franca se evadirá como siempre con gestos de pez ondulando en su pecera, inocentes ojeadas enormes verdes, al fin y al cabo no parece culpable de nada y entonces buscar a Mario y encontrar. Detrás del humo del cigarro Mario casi sonriente, un viejo amigo tiene todos los derechos, pero claro que es eso, empezó en Bruselas hace seis meses, Franca me lo dijo enseguida. ¿Y vos?, Roberto riojano meta facón de punta. Bah, yo, Mario el sosegado, el sabio gustador de tabacos tropicales y ojos verdes grandísimos, yo no puedo hacer nada, viejo, si está metido está metido. «Pero ella», quisiera decir Roberto y no lo dice."

Jorge Luis Borges escribió Las noches de Goliadnik en complicidad literaria con Adolfo Bioy Casares, y representa uno de los Seis problemas para don Isidro Parodi, que se publicaría bajo el seudónimo compartido de Honorio Bustos Domecq:

"Al día siguiente, ante el peligroso capolavoro de algún chef calchaguí, pude examinar con bonhomía la fauna humana que poblaba ese angosto universo que es un tren en marcha. Mi riguroso examen comenzó —cherchez la femme— por una interesante silueta que aun en Florida, a las ocho p.m., hubiera merecido el masculino homenaje de una ojeada. En esta materia no me equivoco: constaté poco después que se trataba de una mujer exótica, excepcional, la baronne Puffendorf-Duvernois: una mujer ya hecha, sin la fatal insipidez de las colegialas, curioso espécimen de nuestro tiempo, de cuerpo estricto, modelado por el lawntennis, una cara tal vez basée, pero sutilmente comentada por cremas y cosméticos, una mujer para decirlo todo en una palabra, a quien la esbeltez daba altura y el mutismo elegancia."

Por su parte, Carlos Fuentes -cuyas cenizas, al igual que los restos de Julio Cortázar, reposan en el cementerio parisino de Montparnasse- empleó la frase en La cabeza de la hidra como remate del capítulo 32: "Temí caer en el lugar común de la novela policial, cherchez la femme. Cerré el libro y los ojos. No quedaba mucho tiempo. Recordé a mi hermana Angélica."

Interesante, por demás, que advierta sobre el posible "lugar común", ya que esta novela implicaba su primera y única incursión en el género policiaco además de que es bien sabido que una de las raíces en las que se sustenta la denominada novela negra radica precisamente en «cherchez la femme». Así parece confirmarlo una de las obras primitivas de Raymond Chandler, Try the Girl -que vendría siendo una expresión equivalente en inglés-, publicada en 1937: "Busca a la muchacha, Beulah -dije-. Skalla lo hará. Eso es tras de lo que él anda. Es donde todo comenzó. Búsquenla a ella." ("Try the girl," I said. "Beulah. Skalla will. That's what he's after. That's what started it all. Try her.") A eso se debe que en sus traducciones al francés y alemán, a dicho relato se le conozca precisamente con el título de Cherchez la femme.

Algo similar sucede con Lew Archer, el detective creado por Ross McDonald, ya que su primera investigación llevó por título En busca de la mujer (Find the Woman), escrita en 1946. Con posterioridad, en su novela El escalofrío (The Chill), el propio personaje de Archer afirma que cuando una mujer ha sido asesinada, siempre se le pregunta al viudo en dónde estaba cuando ella murió: "Es el corolario de cherchez la femme" (It's the corollary of cherchez la femme.)  

En La dalia negra, de James Ellroy, la frase se erige en leitmotiv de la novela: "Cherchez la femme, Bucky. Recuerda eso." (Cherchez la femme, Bucky. Remember that.) Y también Manuel Vázquez Montalbán en un par de casos de Pepe Carvalho, tanto en La rosa de Alejandría como en Los mares del sur, acude a la expresión. Pero todo esto ya se merece otro espacio.
 
 
Jules Etienne

* Se dice que para la creación del personaje Dumas se inspiró en el legendario Eugène-François Vidocq.

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