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Vancouver, otoño en English Bay (fotografía de Jules Etienne).

jueves, 28 de febrero de 2013

Páginas ajenas: BEL AMI, de Guy de Maupassant


(Fragmento del capítulo VIII)

Febrero tocaba a su fin. Por las mañana, los carritos de los vendedores de flores esparcían ya olor a violetas. Ninguna nube ensombrecía el cielo de Duroy. Ahora bien, una noche, al entrar en su casa, encontró una carta que habían echado por debajo de la puerta. Miró el matasellos, que decía: Cannes. Rasgó el sobre y leyó:

«Cannes, Villa Julia.

Muy señor mío y querido amigo: ¿No es verdad que en cierta ocasión me dijo que podía contar con usted en cualquier momento y para todo? Pues bien: tengo que pedirle un favor, ¡y que favor!: que venga usted a asistirme, que no me deje sola en los últimos momentos de Charles, que se muere. Aunque todavía se levanta, acaso no pase de esta semana, según me ha prevenido el médico.

«No tengo fuerzas ni valor para presenciar sola, día y noche, esta agonía. Pienso con terror en los últimos momentos, que ya se acercan. En estas circunstancias, sólo a usted puedo acudir, porque mi marido no tiene familia. Usted ha sido su camarada, él le abrió las puertas del periódico. Venga, se lo suplico. No tengo a nadie a quien llamar.

«Es suya afectísima amiga,
Madeleine Forestier.»

Una singular sensación oreó, como una bocanada, el corazón de George: era una sensación de libertad, como si un inmenso espacio se abriese ante él. «¡Claro que iré!–se dijo–. ¡Ese pobre Charles!... Al fin y al cabo, todos seguiremos el mismo camino.»


Guy de Maupassant (Francia, 1850-1893)

La ilustración corresponde a Sobre el boulevard (Sur le boulevard), 1895, de Jean Béraud

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