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Vancouver, luz de agosto en English Bay.

lunes, 29 de agosto de 2011

Páginas ajenas: CRÓNICA DEL PÁJARO QUE DA CUERDA AL MUNDO, de Haruki Murakami

 
(Fragmento del capítulo 18: Noticias de Creta)

A finales de agosto recibí una postal de la isla de Creta. El sello era griego y también eran griegas las letras del timbre. No había ninguna duda de que la enviaba la mujer que antes había sido Creta Kanoo. Aparte de ella, no conocía a nadie más que pudiera enviarme una carta desde Creta. Pero en el remitente no aparecía nombre alguno. «Quizá no ha decidido aún cómo se llama», pensé. Las personas, si no tienen nombre, no pueden escribirlo. Pero no sólo faltaba el nombre, no había ni una sola línea escrita. Sólo mi nombre y dirección, con bolígrafo azul, y el timbre de la oficina de correos de Creta. En el anverso, una fotografía en color de las playas de la isla. Una playa de arena blanquísima circundada de rocas y una joven con el pecho desnudo tomando el sol. El mar era de un azul profundo y en el cielo flotaba una nube blanca que parecía artificial. Tan compacta que daba la impresión de que era posible tenerse en pie y andar sobre ella.
 
Al parecer, la mujer que antes había sido Creta Kanoo había llegado sin novedad a la isla de Creta. Me alegré por ella. Allí pronto encontraría un nuevo nombre. Y, con el nombre, una nueva identidad y una nueva vida. Pero ella no me había olvidado. Me lo anunciaba aquella postal sin una sola línea escrita que me había enviado desde Creta.
 
Para matar el tiempo le escribí una carta. No sabía su dirección, tampoco su nombre. Era una carta que, desde buen principio, no pensaba enviar. Simplemente me apetecía escribirle una carta a alguien.


Haruki Murakami (Japón, 1949) 

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