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Vancouver, otoño en English Bay (fotografía de Jules Etienne).

sábado, 6 de julio de 2013

Páginas ajenas: EL SOLSTICIO, de Tomás Segovia


Ya está tendido el lecho espeso del verano
Su pesada yacija sus sábanas con bruma
Sus grandes toldos de sopor su cielo con legañas
La tarde se emborracha de rumores
Cruzamos borbotones asfixiantes en pleno aire emboscados
De fermentos dulzones y fiebres exhaladas
El mundo saturado digiere torpemente sus bocados de horas
El tiempo está ahíto de tiempo
Todo va a bascular o a encallar para siempre
La tierra lucha con su propio peso
Se debate gimiendo por liberarse de su plenitud
Es el vasto solsticio
La hora de gloria para el sol triunfante
El imperio diurno extiende sus dominios
A expensas de la noche
El empuje del día quiere cubrirlo todo
Su hálito ardiente abrasa las guaridas de sombra
La noche está infiltrada de dulzura diurna
Todo será en el mundo medio día
No ha de quedar reducto
Para un negro designio de tiniebla
Todo ha de ser cenit sin vuelta
Y faz radiante sin espalda
Y luz sin disidencia
El día marcha hacia el final del círculo
Consigo mismo a unirse y a cerrarse
Y en la altivez encandilada
De sus altivas aguas entusiastas
Toca ya el borde de los diques del tiempo
Se arroja sin remedio en las redes del Límite
Juez sin piedad que robará su fuerza
Para atarlo con ella y esparcir en el viento
Lo que ella había bellamente unido
Algo en el mundo quiere detenerse
Burlar la ley soez de la alternancia
La justicia irrisoria
De las declinaciones y las disipaciones
Derrocar de una vez al dios idiota de los manotazos
Suprimir el escándalo
Del perpetuo no ir a ningún sitio
El delirio pueril de un universo
Que crea sin cesar hurtando los pedazos
De lo que antes creó y se mutila solo
Que no crea de veras que disipa y transforma
Trabajando sin meta pero siempre con pérdida
Algo en el mundo quiere no trabajar más para la muerte
Sube en el cielo el sol disco de oro de un péndulo
Que quisiera alcanzar su extremo y detenerse
Toda una mayor parte aplastante del mundo
Milita junto a él calladamente
Grandes fuerzas por él meten el hombro
Intentan resistir a su desplome
Y una parte también aplastante en nosotros
Con lúcido fervor renunciaría
A su porción inmensa de futuro y promesas
A cambio de algún fruto verdadero del tiempo
En que la vida infiel se respetase
En su obra perfecta y sin fracaso
Pero algo también languidece y añora
Algo piensa en la noche y la socorre
Una memoria díscola recuerda inconsolada
Todo lo que la gloria del verano
Bajo su pie resplandeciente ahoga
Y una impaciencia intransigente quiere
Lo que el verano no podrá ser nunca
El tiempo en su tarea inabarcable
De ir empujando todo cuesta arriba de él mismo
Se divide y desvía
Sus propias fuerzas cercan a sus fuerzas
Las fuerzas del retorno
Conspiran con las fuerzas de lo nunca visto
Contra el reino leal de la presencia
Pasado y porvenir pactan contra el presente
Flor y semilla son enemigas del fruto
El solsticio está solo ante la nada
El tiempo le hace defección
Sólo es bello el verano por ser insostenible
Sobre el lomo del tiempo viaja este esplendor
Que si tomara pie se ahogaría en su peso
Tampoco el cenit quiere reposar en su límite
También en él murmura
Como un agua de gruta en el bochorno
Una voz que consiente en no durar
Y esa voz crece con su crecimiento
También son el verano las vetas de frescura
Y los soplos nocturnos y las grietas de sombra
Cómo habrá de reinar si no se acepta entero
Si busca obtusamente cegar sus manantiales
Y sepultar el negro fondo de los huecos
Donde nunca la noche se evapora del todo
Así el día respira repleto de sus fuerzas
Habitado de noche poroso y expandido
Y con el tiempo vano se hincha los pulmones
La frente del solsticio se levanta
Y toca su corona impasible y abdica
Los ojos del verano miran hacia otro sitio
Toda belleza viene
A durar contra el tiempo y sin embargo
Lucha por arrancarse de sí misma
Qué busca pues la plenitud abriéndose
Y si no está vendiéndose a la muerte
Cuál otra plenitud le tomará el relevo
Es el tiempo de alzarse
De levantar miradas que luchen con el día
Tiempo de responder con ojos fieles
A la orgullosa obstinación del mundo
Que no pide respuestas y en la impiedad resiste
Sumido en el verano alguien lo escucha
No ha de ser ciego rayo para nadie
Su hoguera solitaria
A su vasto latido alguien opone
Como una tensa piel de tambor pensamientos
Donde sus ondas vienen sin verlos a chocar
Con frontones absortos y espejos abrasados
Y en un blanco retumbo
El suceder estalla y se deslumbra
Con muros y palabras hago nacer el eco
Soy el espejo que prolonga y dobla
Y devuelve la imagen del verano
Y a la vez no hace nada sino durar abierto
Volumen de ficción a fin de que el espacio
Se pueda ver en otro espacio
Y en sus salas de sueño el verano se sueñe
Soy así en otro sitio el igual de su fuerza
Soy yo mismo un verano en la torre del tiempo
En mí late el estío que calcina al estío
Y del blanco solsticio hago mi nombre
Pues es ahora el tiempo de nombrar
Yo y el verano hacemos nuestro lecho en el tiempo
Y hacemos nuestro lecho revuelto en lo decible
Bajo dos intemperies dormimos los dos juntos
Cómo sin el verano algo podrá decirme
Y cómo sin mis ojos será él el verano
Tampoco yo podría ser un orgullo a solas
Es mía la palabra pero no su poder
El verano la llena y la sostiene
Alzo mi pensamiento y cuando menos pienso
En él el tiempo toma la palabra
Y aunque soy siempre yo quien dice
Nunca soy yo lo dicho
Algo ha acudido a saturar mi voz
A fin de que algo más que un eco vano mío
Haya quedado en sus sílabas dicho
No digo yo el verano
Pero también en lo que digo alumbra
El lugar escondido donde nos encontramos
No en las palabras en el poder de las palabras
En esa árida luz donde su reino
Mientras yo pugno en vano por nombrarlo
Se despliega por fin frente a los ojos mudos
Iluminado pero en movimiento
En su ley y en su gusto aunque mirado
Vasto impensablemente
Exasperadamente obsesionado de imborrables cigarras
Recorrido de pájaros inubicables
Insuperablemente socavado
De recaídas y de podredumbres
Infectado de larvas y herrumbres y lepras
Inapresable y soberano
Verano para mí no para mi reposo
Para que sepa yo que no tomo refugio
Cuando tomo su nombre
Pues ni este lúcido decirlo
Podrá tampoco detener en mí
El verano que soy
Y este saber en paz que el tiempo
Este solsticio en mí colma una de sus copas
También encierra como estrías trémulas
La punzante nostalgia
De la hora que nunca volverá
Algo también en mí quisiera detenerse
En un cenit de vida
En una pleamar de amor y pensamiento
Pero algo también en mí saluda al tiempo
Esta gloria es la suya
Todo iba hacia un verano insostenible
El tiempo me lo trajo
Sólo en el lecho inhóspito del tiempo
Ha podido ser mío su cuerpo llameante
Y sólo el curso diáfano del tiempo
Me pone ante mis ojos
Aquel orden de allá donde se mira
La espalda ciega de este orden
Es él también altivo orden del tiempo
Proclamar el solsticio es negarse al regreso
Nada de lo vivido
Hubiera sido en la verdad vivido
Sin este raudo estío que lo deja atrás todo
Esa verdad donde por fin el tiempo
Se deja ver los ojos en que nos consumimos
Ha de quedar ardiendo en su alta intemperie
Que es la misma intemperie donde el verano y yo
Hemos dormido hablado edificado juntos
Esa misma en que miro reunidos
Mi solsticio y la sombra adonde avanza
Por un trazo fulgente que allí dice mi nombre.


Tomás Segovia (Mexicano; nació en España en 1927 y murió en México en 2011)

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