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Vancouver, atardecer en English Bay.

martes, 2 de junio de 2015

Páginas ajenas: RUSALKA, de Aleksandr Pushkin

"Luego se desvanece en el agua cristalina y al instante todo es silencio."

(Fragmento)

Contempla, con su corazón lleno de angustia,
con el miedo que es incapaz de explicar;
observa las olas que se elevan
y de pronto, se calman de nuevo.
Entonces, blanca como la primera nieve,
ligera como sombra nocturna,
viene a tierra y en silencio se sienta
en la orilla, una doncella desnuda.

Ella lo ve mientras cepilla con suavidad
su cabello y sacude el agua de sus brazos.
Tiembla de miedo y lo mira atenta
con un seductor encanto lascivo.
Agita su mano ansiosa y algo señala,
asiente furtiva, sonriendo desde lejos,
y en un par de segundos se sumerge fugaz
en las aguas tranquilas, como una estrella.

El viejo, triste, no ha dormido un instante.
Toda la noche, todo el día no deja de rezar;
ante sus ojos aún brilla
la sombra persistente de la maravillosa joven.
El bosque se ha vestido de noche;
la luna pasea en el caliginoso suelo;
y ahí está la doncella -joven, deliciosa,
recostada en la hechizada orilla.

Ella lo mira, cepillando su cabello,
sonríe, le envía besos dulces y agrestes,
juega con las olas -las acaricia, salpica-
ahora ríe, ahora gime como un niño,
suspira tiernamente, lo llama fuerte, más fuerte...
"¡Aquí, monje, aquí, monje! ¡Ven a mí, ven a mí!"
Luego se desvanece en el agua cristalina
y al instante todo es silencio.

Al tercer día el ardiente ermitaño
estaba sentado en la orilla, arrobado,
esperando a la sirena, voluptuosa,
como una sombra que yace en el bosque.
La noche se rinde ante la aparición del sol;
para entonces el monje ya ha desaparecido.
Se dice que una multitud de erizos
vio pasar flotando una húmeda barba gris.
 

Aleksandr Pushkin (Rusia, 1799-1837)

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