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Vancouver, luz de agosto en English Bay.

miércoles, 10 de junio de 2015

Páginas ajenas: LA DURMIENTE, de Edgar Allan Poe


(Fragmentos)


A medianoche, en el mes de junio,
me paro bajo el místico plenilunio.
Un vapor de opio, húmedo, sombrío,
Exhala su hálito dorado,
Y suavemente escurre, gota a gota,
Sobre la cima apacible de la montaña.
Se interna somnoliento y musical
Dentro del valle universal.
El romero se inclina ante la tumba;
El lirio se recuesta sobre la ola;
Envolviendo la niebla en su seno
La ruina enmohece su reposo;
¡Se mira como el Leteo! El lago
Parece que consciente dormitase,
Y por ningún motivo fuera a despertar.
¡Toda la belleza duerme! -ahí
donde el destino de Irene yace.
...
¡Como fantasmas las sombras crecen y se desvanecen!
¿Por qué y para qué estás durmiendo aquí?
Sin duda vienes desde más allá de lejanos mares,
¡Un prodigio para los árboles de estos jardines!
¡Extraña es tu palidez! ¡Extraño tu vestido!
¡Más extraño aún, lo largo de tu trenza,
y todo este solemne silencio!
...
Lejos en el bosque, lúgubre y antiguo,
En una cripta abierta para ella,
Al viento ondean triunfales
Con el negro color mortuorio
De su gran familia los paños funerales.
Un sepulcro solitario y remoto,
Contra cuyo portal arrojara alguna vez
Las ociosas pedradas de la niñez,
Tumba en la que del sonido de su puerta
ya ni siquiera el eco se oía,
Asusta pensar, ¡pobre hija del pecado!
Que era la muerte quien gemía.


Edgar Allan Poe (Estados Unidos, 1809-1949)

(Traducido del inglés por Jules Etienne)

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