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Vancouver, otoño en English Bay (fotografía de Jules Etienne).

martes, 31 de mayo de 2011

Mayo: en lugar de poesía



Había pensado despedir este mes con un poema de Walt Whitman, tomando en cuenta que nació un 31 de mayo. Sin embargo, me contuvo un prejuicio que desde hace años no he sido capaz de superar. En alguna época de mi vida, mi pareja era una mujer muy talentosa, aunque autoritaria y dominante. En contraste conmigo, que siempre he mantenido una postura de cierta rebeldía en cuanto a no ser como los demás esperan que sea, lo cual me ha llevado a pagar rigurosamente sus consecuencias tanto laborales como políticas pero, sobre todo, emocionales. El caso es que ella apreciaba mucho las óperas de Wagner y a mí, sin que me disgusten, me resulta difícil sustraerlas del contexto en que fueron aprovechadas como propaganda por el régimen hitleriano. Me insistía en que uno debe separar la obra de la personalidad de su creador. Y creo que, parcialmente, tenía razón. Sin embargo, algunas veces es posible, otras no. En años recientes he logrado hacer a un lado los desplantes megalomaníacos de Octavio Paz que me provocaban antipatía o las posturas políticas de Borges, y me he permitido disfrutar de la lectura de ambos. Quienes hayan tenido la curiosidad de seguir este blog, podrán constatar que se trata de dos de los autores a los que recurro con mayor frecuencia y no me arrepiento. En cambio con Walt Whitman me resulta más difícil tratar de hacerlo. Si bien cada día que trancurre soy un poco más canadiense y pierdo otro tanto de mi origen mexicano -ya pronto serán diez años durante los cuales no he regresado ni siquiera para una breve visita-, hay ciertas cuestiones que bien podríamos denominar prejuicios patrioteros, pero el caso es que con todo y que su poema Carpe Diem alcanzó cierta popularidad gracias a una película que me agrada mucho: La sociedad de los poetas muertos, y de que es innegable la importancia del conjunto de su obra poética, todavía no me ha sido posible soslayar su postura y sus ofensas en contra de la nación que, aunque ya no sea mi patria, me vio nacer.

En 1846, el 11 de mayo y el 6 de junio para ser más preciso, Whitman escribió un par de editoriales muy agresivos en contra de México en el periódico The Brooklyn Eagle. El primero de ellos iniciaba de este modo:

"Sí: ¡México debe ser cabalmente castigado! Hemos llegado a un punto en nuestro trato con ese país en que cada precepto de derecho y política nos impone que hagamos expeditas y eficaces demostraciones de fuerza. Las noticias de ayer proporcionaron el último argumento que se requería para probar la necesidad de una Declaración de Guerra inmediata por parte de nuestro gobierno en contra del vecino del sur."

"Estamos justificados ante el mundo, pues hemos tratado a México con mayor lenidad que la que hasta ahora nos había merecido un enemigo; puesto que México, aunque despreciable en muchos aspectos, es un enemigo que merece una vigorosa lección." Y más adelante, prosigue: "... la asquerosa historia de esos asesinatos brutales al por mayor, tan vacíos de propósito como no fuera satisfacer el apetito cobarde de una nación de machos, dispuestos a fusilar centenas de hombres a sangre fría..."

El resto de ese artículo editorial y del segundo ya también mencionado, poseen el mismo tono incendiario y vindicativo. Whitman fue el editor de dicha publicación entre 1846 y 1848. De manera que espero sabrán disculpar el que no incluya algún poema de su autoría. Tal vez mañana me ocupe de otro poeta que haya mencionado a mayo, mes que se merecía una mejor despedida. De esa manera trataré de compensarlo.


La ilustración corresponde a un montaje con una imagen sobrepuesta de Walt Whitman.

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