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Vancouver, otoño en English Bay (fotografía de Jules Etienne).

miércoles, 18 de mayo de 2011

Decir Adiós es morir un poco (Páginas 122 y 123)



(Fragmento del capítulo 12: Mayo es el mes más cruel)

En esta ciudad, mientras no llegue la temporada de lluvias, abril y mayo resultan más cálidos que cualquier mes del verano. Es lunes, la fecha prevista para publicar la noticia con el fin de que tenga cuerda durante toda la semana. Te aseguraron que enviarían temprano un ejemplar del periódico a tu domicilio y deberás presentarte a una junta a las doce, una vez que hayan calculado el impacto de la información, para decidir el manejo que se le dará en los días subsecuentes. Alguien toca el timbre, abres la puerta y es un mensajero del periódico, quien te lo entrega. La nota ocupa las ocho columnas de la edición. Fotos del edificio de Publincor junto a los contratos. Preparas una taza de café colombiano del que te trajo Septién de Cartagena, a donde va cada año para asistir al festival de cine. Puedes decir que la disfrutas debidamente aromatizada. Por más que la televisión y la radio se empecinen, nada se equipara a una noticia con sabor a café por la mañana. Es la mejor expresión de la Galaxia Gutenberg. Si bien a un periodista ese placer de saborear un suceso le está vedado. Desde el momento de leerlas impresas, son las noticias de ayer y hay que salir a la calle para buscar las nuevas.

El sol se ha apoderado por completo del escenario. Es el protagonista de una mañana reverberante. Una de las ventajas de este clima es la ropa ligera que ostentan las mujeres, para dejar al descubierto generosos retazos de piel y que la libido masculina sospeche el resto del cuerpo con la libertad de la imaginación. Aunque en algunos casos habría que reconocerlo como una desventaja, porque esa gorda que zangolotea sus adiposidades frente a ti, con una ombliguera que deberían prohibirle portarla en lugares públicos bajo el cargo de faltas a la moral, y unos pantalones blancos tan ajustados, que resaltan las pantaletas rojas incapaces de disimular sus desbordados glúteos morenos. Paradigma de la ausencia de estética, a eso no se le puede considerar una mujer, sino una masa de lonjas en movimiento.

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