.

.
Vancouver, otoño en English Bay (fotografía de Jules Etienne).

sábado, 11 de mayo de 2013

Decir Adiós es morir un poco (páginas 156 y 157)



Hacinados en un vagón del metro, zarandeados en cada estación al detenerse y reanudar la marcha, adviertes como aquí se condensa y trivializa la condición estoica de los mexicanos. No en vano Quetzalcóatl proclamaba el autosacrificio voluntario como la más alta expresión de la vida. En cada mexicano pervive, inconsciente, un fragmento de fatalidad histórica. Somos Cuauhtémoc luchando contra el invasor a pesar de que las profecías divinas ya habían determinado su derrota. Somos Santa Anna, vencido y postrado en la Casa Blanca ante el presidente Jackson. Somos Ernesto Zedillo mendigando la ayuda financiera del exterior para superar una crisis, consecuencia de su ineptitud. Celebramos la adversidad porque nos permite enfrentarnos a ella en condiciones de desventaja. Un ejemplo viviente se tambalea frente a ti: un trovador urbano, arrancado al desierto potosino o a la miserable sierra mixteca, en un alarde de equilibrio mantiene su canto mal pagado a pesar de los empellones y los vaivenes del vagón.

"De diario me estás mirando, de diario me miras pobre. Sol que tú eres tan parejo para repartir tu luz, habrías de enseñarle al amo a ser lo mismo que tú". La historia nacional está repleta de heroicidades en batallas perdidas: abundancia de mártires o niños héroes y apenas un cinco de mayo. Tres siglos de saqueo colonial que desembocan en la dictadura de Don Porfirio y la rapiña perversa de nuestro villano predilecto, Salinas de Gortari. Aún seguimos expiando el pecado original de La Malinche, la madre de nuestro mestizaje. Si bien, en tu caso, tanta divagación no se justifica puesto que tu madre ni siquiera es mexicana. Una canadiense errabunda que encalló en la playa de Miramar. De manera por demás simbólica, se enamoró de un hombre que llevaba el lugar en su apellido: Mar. "Dicen que al agua salada tiene varias seducciones, la cosa está comprobada. La cosa está comprobada que mantiene a tiburones y a la sirena encantada." Ella siempre deseó que fueras abogado para honrar entonces el suyo, su last name, Law, que significa ley. Pero cuando estudiabas el segundo año de Derecho te tropezaste con el oficio. Empezaste como aprendiz de reportero y lo dejaste todo, tu familia, la carrera, el puerto, para emigrar a esta ciudad. El ombligo del pedazo de mundo que se extiende del Usumacinta al Bravo. "Qué lejos estoy del pueblo donde he nacido..."
 
 
Jules Etienne
 
La ilustración corresponde a una fotografía del amanecer en la playa de Miramar.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario